¿Qué es el arte? ¿Todavía estamos así?

Desde los orígenes todas las teorías, especulaciones, concepciones, conjeturas, reflexiones y debates, se centraban, bajo una completa hojarasca verborreíca, en lo que era el arte. Pasaban los siglos y seguíamos a cuestascon el concepto sin despejar, que en cada momento tenía una nueva definición.

Por consiguiente fue más fácil motejarlo o identificarlo por el adjetivo, ya fuese romántico, moderno, clásico, contemporáneo, etc. Tal imprecisión tenía la gran ventaja de que al ámbito del arte se le fuesen añadiendo más cosas, más materiales, más elementos, más ropajes, más recursos y más tecnología, en paralelo a una civilización que si lo reconoce lo tiene bien oculto. El sentido del tiempo marcaba unos transcursos relativos, ya que, según apunta Eduardo Arroyo, “ciertos sectores interpretan que el arte es un recorrido de ferrocarril, con sus retrasos, sus esperas y sus estúpidas aceleraciones”.

Así que cada período, especialmente en las últimas décadas, se agotaba a la mayor brevedad posible, con lo que se producía el fenómeno de que si en ciertas áreas ya se estaban enfrascando en la apertura de nuevas andaduras, en otras todavía se encontraban en los principios de las anteriores.

Hoy, conforme a lo postulado por Danto, no hay un paradigma posible porque todo es posible y una cosa es tan buena como la otra. Por tanto, la práctica artística está en función de sistemas abiertos y no excluyentes. Visto lo cual, se hace imposible una filiación o reconocimiento del arte –todo puede serlo- que ponga fin a una cuestión que sigue estando presente cuando en algunos escenariostodavía se continúa haciendo la pregunta sin respuesta: ¿Se le puede pensar como una manera especial y necesaria de una verdad decisiva para nuestra existencia histórica o ha perdido este carácter?

A tal fin es más conveniente hablar de una historia del arte que evita el análisis de un  punto tan controvertido. Lo que no obsta para que se nos quede, por otro lado, una cierta perplejidad, ya que si el relato del mismo es un lento despojamiento de todo lo que no es esencial (Danto), al mismo tiempo la restitución es mayor si cualquier cosa puede ser arte, máxime cuando hablamos de nuevas construcciones, nuevos materiales, nuevas tareas de los hombres y nuevos conceptos. Un proceso permanente –con despojamiento o sin despojamiento- que adquiere la misma configuración que la sociedad en la que se haya asentado y desarrollado.

Además de esta incógnita, la que ahora más que nunca está vigente es la duradera controversia de si el arte ha de ser lo que quieren los artistas o los señores del mercado.

Gregorio Vigil-Escalera

De la Asociaciones Internacional y Española de Críticos de Arte (AICA/AECA)