¿Qué es el arte? Sigue siendo un pregunta a pesar de tantas respuestas

Filósofos, artistas, escritores, especialistas, críticos, etc., han dado una definición del fenómeno artístico, cuya naturaleza siempre les tuvo intrigados, además de oponerles resistencia.

Mientras Platón consideraba al arte una actividad racional y como tal podía ser entendido por todos los hombres, Aristóteles sostenía que el mismo completaba lo que la naturaleza no lograba terminar o no podía elaborar. Más tarde se refirió a él como un significado interior o la esencia secreta de las cosas.

Cicerón creía que lo más razonable era entender el arte como fruto de la observación de la naturaleza y la meditación. E Immanuel Kant como una producción en libertad, pero inútil por carencia de función. Sus ensayos sobre la materia han marcado un hito interpretativo y analítico pionero a este respecto.

Para Nietzsche el arte es la misión más importante de esta vida y sin él ella sería un error. Por lo que se refiere a Leonardo da Vinci, éste sostiene que el mismo es la reina de todas las ciencias que comunican conocimiento a todas las generaciones del mundo, y también un mensaje universal y duradero (Carmelo Arden Quin). 

Sin embargo, no podemos pasar por alto sus partidarios difamadores que están hartos de tanta esencialidad y endiosamiento y arremeten contra el arte por ser un concepto disciplinario y con ínfulas teológicas.   

Para Roland Barthes el arte siempre es perverso y fetichista; para Charles Baudelaire, prostitución; incluso para Michel Claura es falso. Y aquí no acaba la nómina, pues hemos de incorporar a Arthur C. Danto, empeñado en enterrarlo; a Marcel Duchamp, por sostener que es un engaño y una droga que crea hábito; a Jochen Gerz, por afirmar que corrompe; a Enst Gombrich, por declarar que realmente no existe, que sólo hay artistas; a la Internacional Situacionista que lo considera una mierda y que también lo ha sepultado; a Annete Messager, por entender que es pesado y grosero, espeso y dulce e idiota como la vida misma.    

Capítulo aparte serían los más radicales como Arthur Rimbaud, que proclama, con toda su frustración y desencanto, la tontería y necedad del arte, o Stephen Wright con su concepción de que el arte es lo más escandaloso y homicida que una persona puede hacer sin llegar a matar. 

El punto final de toda esta inquisitoria está reservado a las palabras de Ani Difranco:

“El arte es la razón por la que me levanto cada mañana, pero hasta ahí llega mi definición”.     

Gregorio Vigil-Escalera

De las Asociaciones Internacional y Española de Críticos de Arte /AICA/AECA)