Por favor pegue patadas contra el suelo, no contra mí

Carl Andre, el artista norteamericano, tenía previsto, en 1967, inaugurar una exposición en la galería Konrad Fischer de Düsseldorf, pero días antes el galerista le anticipó la conveniencia de aplazarla como consecuencia de que un enorme socavón le había hundido la superficie del local.

Lo cual no supuso desaliento alguno para el conocido minimalista, que se apropió de unas placas de acero como las que se usan para calzadas y aceras, y las montó adecuada y artísticamente con el fin de tapar la gran hendidura.

Llegado el día de la apertura los visitantes mostraron su perplejidad y desconcierto al no ver obra ninguna, pero el galerista, al quite, les señaló las planchas de metal que estaban pisando y les soltó una disertación sobre cómo el espacio interno había alcanzado la máxima definición del lugar y del arte que lo ocupaba. Porque el material era lo que era y no precisaba énfasis ninguno, añadió Andre.

Los espectadores, algunos cabreados, otros con cierto pitorreo y el resto ocupados con las viandas, empezaron a pegar saltos, pateos, brincos, retozos, bailes, y así toda la noche, hasta que al final la policía puso orden entre un clamoroso e inolvidable éxito. A todas estas, se desconoce la opinión del autor.

Gregorio Vigil-Escalera

De las Asociaciones Internacional y Española de Críticos de Arte (AICA/AECA)