Plinio el Viejo nos lo cuenta

No cabe duda de que el arte contemporáneo está en una deuda no reconocida con los pintores griegos Apeles y Protógenes, pues según lo relatado por Plinio el Viejo (23-79) en su tiempo, cuando el primero viajó a Rodas y fue a visitar al segundo, la esclava que le abrió la puerta le dijo que su amo había salido, lo que no impidió que Apeles con toda su cara se colase al interior y se colocase ante el caballete que tenía una tela en blanco.  

Tomó un pincel y trazó una larga recta finísima en color. Luego, al marcharse, prometió volver, al mismo tiempo que declaraba a la chica que su dueño sabría quién habría sido el autor.

Al regresar a la casa Protógenes, éste se dio cuenta rápidamente de lo que había pasado y escamado trazó a su vez con otro color una paralela todavía más fina, instruyéndole a la joven para que al retorno de Apeles le comunicase que estaba ausente, pero le permitiese acceder y le dejase solo en la estancia, lo que efectivamente acaeció poco después. Así que éste aceptó el reto y recorrió el lienzo durante horas con una multitud de líneas de varios colores que no se tocaban, sin ceder un mínimo de espacio para que cupiese otra entre ellas.
Protógenes, al mirarlo una vez el otro se había ido, se confesó vencido y llevó el cuadro al puerto y lo situó en medio de la multitud para que todos lo viesen. Logró la admiración de toda la gente y especialmente de los propios artistas, alcanzando tal fama y estima que cuatro siglos más tarde estaba colgado en el palacio del César en Roma.

Es allí donde Plinio el Viejo lo encontró y describió:“De gran superficie, no contenía más que líneas que se perdían a la vista; aparentemente vacío de contenido en comparación con las obras maestras de otros muchos, era, por esto mismo, objeto de atención y más famoso que cualquier otro”.

Fatalmente, aciago destino el suyo, acabó destruido a causa del terrible incendio de Roma del año 69, siendo Nerón emperador. Una más de las sucesivas devastaciones que dieron lugar a la desaparición de la pintura griega de aquellas épocas.

Estamos, pues, ante un precedente absolutamente insólito, extraordinario e imponente de un acontecimiento plástico que de haberse conocido y apreciado visualmente cambiaría posiblemente en cierta medida -difícil saberlo- la historia del arte.

Gregorio Vigil-Escalera

De las Asociaciones Internacional y Española de Críticos de Arte (AICA/AECA)