Nada de genitales. Por muy estéticos que sean los chupacirios se excitan

Desde hace siglos la pecadora Iglesia y sus afines, sean de uno u otro confín, han estigmatizado y anatemizado la representación de los genitales masculinos y femeninos por supuesta indecencia y obscenidad. Pobrecillos, acabaron hartos de tanta abominación como si fuesen culpables, y no instrumentos, de habernos dado vida. Al fin y al cabo, hay que reconocer su existencia visual dado que son órganos del cuerpo humano tan imprescindibles o más que los demás.

Por consiguiente, todo este ideario represor y corto de miras, establece jaculatorias y lamentaciones en caso de pérdidas de brazos, piernas u ojos, pero dedica cantos gregorianos de júbilo si se da la circunstancia infeliz de extirpación de las partes “pudendas” a estatuas o esculturas; diríase que el mutilado en efigie ya está en camino al cielo con la esperanza de adorar a vírgenes sin vulva.

El caso es que cuando la tumba de Oscar Wilde se instalaba en el cementerio del Père Lachaise de París, a principios del siglo XX –como quien dice, ocurrió hace poco- su conservador, no sé si por efecto de la comparación, opinó que los testículos del ángel que coronaba el pedestal (obra del artista xxxx), eran insólitamente grandes. Tal es así que los hizo envolver en escayola, si bien el Prefecto del Sena y el conservador de la École de Beaux-Arts iban más allá y pretendían su castración – ¿y por qué no la suya propia? – o colocarle una hoja de parra.

Así y todo, estuvo tranquila con una placa de bronce encima hasta 1961, en que dos mujeres británicas, en pleno furor, no se sabe si uterino o no, le rompieron los testículos, los cuales le fueron entregados al conservador que de ahora en adelante los utilizaría como pisapapeles. Un triste final para el túmulo de un creador inolvidable.

El monumento, desde el final de la I Guerra Mundial, ha sido un lugar de encuentro y peregrinación para la comunidad homosexual y también para su embadurnamiento con grandes pintadas.

Gregorio Vigil-Escalera

De las Asociaciones Internacional y Española de Críticos de Arte (AICA/AECA/AMCA)