MIRANDO HACIA ATRÁS CON IRA

En estos días inciertos parece tarea imposible zafarse de la escritura de la catástrofe. Abocados a una crisis de identidad, como la surgida tras el desastre del 98, con un catalizador esencial, el desastre económico que nos oprime, es difícil mirar en todas direcciones y encontrar algo positivo. Sobre todo ante declaraciones como la del Economista para Europa de Goldman Sachs (la mano que mece la cuna de la economía mundial) que asegura que «Para España lo peor está por llegar».

Son muchos los especialistas y centros de investigación que anticipan algo que ya parece como evidente: el derrumbe de la clase media y la división social en ricos y pobres, amén de un sustrato que no alcanza la última categoría y se quedará a expensas de la benevolencia y de la caridad ejercida por personas y organismos que quieran apaciguar sus conciencias. Es una nueva versión de la Shoá, con millones de individuos que han perdido toda esperanza de un trabajo digno, que son muertos civiles en vida, esta vez no con la inoperancia de un «Dios ausente», sino con la complicidad del Moloch-Estado para complacer a sus más conspicuos feligreses, los que manejan con impulsos irrefrenables de nihilismo destructivo los «mercados».

El eslabón más débil de la Eurozona, Grecia, acaba de recibir un claro mensaje: nuevos y más profundos recortes y sacrificios que incluyen reducción de pensiones,  más despidos de funcionarios, supresión del concepto de antigüedad y aumento de la jornada laboral hasta seis días a la semana. Esta «receta» planteada por el FMI coloca a Grecia en una situación parecida a la que Atenas puso al estado neutral de Melos en la Guerra del Peloponeso: como cuenta Tucídides en su insuperable crónica, el imperialismo ateniense no admitió la insistente neutralidad de Melos y prefirió ejercer un castigo ejemplarizante para aviso de los tibios, aniquilando prácticamente a los habitantes de Melos. En estos momentos, la UE y el Fondo Monetario Internacional se muestran implacables con una Grecia que «ha vivido por encima de sus posibilidades», con los préstamos de la banca alemana y con la complicidad en la ocultación de sus cuentas de bancos y agencias internacionales.

Por intereses electorales, de Alemania, el último Consejo Europeo ha sido un nuevo aplazamiento de puesta en marcha de decisiones importantes, como la Unión Bancaria. Por enésima vez los acuerdos tomados con anterioridad se posponen, con el riesgo que todo ello supone. Se confía en que el anuncio del BCE de comprar deuda de países como España o Italia será suficiente para reconducir a valores razonables las primas de riesgo. Sin embargo, se trata de un planteamiento, en el mejor de los casos, de voluntarista, que perderá su eficacia cuando el tiempo transcurra sin que las medidas anunciadas se implementen. Y todo esto con la prueba evidente de que el empecinamiento en los recortes y ajustes sin alternativa o sin otras medidas complementarias, produce más recesión y deja la recuperación económica para un futuro bastante problemático.

En esta orientación de dejar las complicaciones para otro día, destaca, por derecho propio, MR. Se limitó a que cayera, podrida por la crisis, la manzana del PSOE; ahora se plantea el rescate económico como un  juego de deshojar la margarita. Por si no fuera bastante, confiesa paladinamente que «no está de acuerdo» con la huelga que anuncian los sindicatos y que los 40.000 millones de euros para el rescate bancario, que contabilizarán como deuda del Estado, no son nada (como decía el tango: «que veinte años no es nada»). Ante manifestaciones de esta jaez cabe recordar lo que le dice un personaje de MIRANDO HACIA ATRÁS CON IRA (J.Osborne) a otro: «tienes la primera condición para ser primer ministro: eres imbécil».