La forma sólo se calla cuando está debajo de un puente

Si los seres existen a través de formas –Aristóteles-, una vez que el artista se apropia de su condición y penetra en la esencia de los fenómenos a través de ellas, tiene en la obra de arte una alternativa de elección de diferentes niveles formales, lo que podríamos conceptuar como un constructo expreso y fruto de diversas combinaciones e intensidades dentro de un contexto histórico, social, cultural, estético, etc.

Puesto que se podría entender que lo consistente no es la realidad de las cosas sino únicamente la forma que se hace real a través de ellas, tal alternativa encarna muchas posibilidades, como la de que el artista, ahora más que nunca, pueda dar licencia a la forma para desarrollar todo su poder y plenitud, aunque ésta creará su propia codificación en base a un proceso de búsqueda y experimentación en línea directa con la realidad. Sin embargo, si es el autor el que ha sido absorbido por el mundo empírico de su tiempo, es este orbe el que se apodera de la escritura y deja sin poder al mismo, obligándole a trabajar a su dictado y sin más opción que recurrir a una rebeldía total.

Y habrá un tercer fenómeno, cual es el referido a un creador encerrado en su personal universo, volviéndose un mitómano de sí mismo, un desaparecido en combate, un viejo rey sin trono ni súbditos, posado en un escaparate de Nueva York como un maniquí falso y soso.

Variables, en definitiva, producto del derecho de elegir en una obra el grado de segregación de los contenidos perceptibles.

Gregorio Vigil-Escalera

De las Asociaciones Internacional y Española de Críticos de Arte (AICA/AECA/AMCA)